Quien sepa un poco de música reconocerá el titulo de este post: es de una canción de U2 del mismo nombre. Mas allá de que te guste o no U2, este clasico es una grán canción, muy recomendable si te consideras aficionado al rock, pero como te imaginarás si me conoces un poco, yo solo voy a hacer referencia a la letra. El protagonista de la canción le cuenta (en 6 cortas estrofas y un estribillo que le da nombre al tema) a una tercera persona y en un estilo retrospectivo, las peripecias que ha pasado a largo de su vida y el motivo de las mismas: “solo para estar contigo”, le dice el cantante a este personaje misterioso que en las ultimas estrofas es identificado como Jesucristo (“…Tu rompiste las ataduras y tu / Aflojaste las cadenas / Cargaste la cruz / De mi vergüenza / Tu sabes que yo creí en eso…”, si a esto le sumamos otras referencias a lo largo de la canción, resulta bastante obvio de que se trata de Jesucristo). Cada afirmación que se realiza en las estrofas es seguida de esa frase tan particular “Pero aún no he encontrado lo que estoy buscando”. Aclarado esto, permitanme exponer mi interpretación personal de todo esto. ¿Puede acaso uno ir a Cristo, conocerle, caminar con Él y todavía decir “aún no encuentro lo que busco”?, la respuesta es un gran OH SI, ¿y donde queda todo aquello de “solo Cristo satisface”? diras tu. Bueno, esa y todo el resto de esas frases ganadoras que tanto abundan entre nosotros los cristianos se quedan en el mismo lugar de siempre, que es mas o menos el mismo que el de cualquier eslogan marquetinero (porque si vamos a la justa, tienen muy poca diferencia, ¿o me equivoco?). Hace más de 11 años que soy cristiano y permitanme asegurarles que no me arrepiento ni mucho menos de la decisión que tomé en aquella tarde de verano, amo a Cristo y no me da vergüenza decirlo. Lo lamentable del caso, es sentir vergüenza ajena, como siento yo.

Yo puedo, igual que Bono, decir que aún no he encontrado lo que estoy buscando. Y si Bono tiene una historia que contar al haber crecido en la religiosamente conflictiva Irlanda (lo cual se nota en sus letras que con tanta regularidad hablan a favor de la paz y la tolerancia), yo también la tengo, porque he tenido que pelear mi propia guerra y he visto como algunos de mis aliados mas valiosos caen rendidos por el cansancio, la tristeza y la enfermedad, ¿les interesaría saber de que hablo? sigan leyendo.

Se me puede definir como el clásico nerd (o tragalibros, lo que te suene mejor), durante la escuela y el liceo tener notas buenas y excelentes era lo normal para mi, y como siempre tuve una naturaleza conciliatoria (supongo que la desarrollé al tener tres hermanos menores) jamás tuve problemas con ningun compañero de clase. Mis padres me inculcaron lo importante de respetar a los demás: “Tus derechos terminan donde empiezan los del otro”  me decían, hoy yo sé que eso es verdad aunque se raje el mundo.

Amo la lectura desde que aprendí a leer a los 6 años y siempre fue mi costumbre el leer todo lo que tuviera a mi alcance, sea libro, revista o etiqueta de frasco de café, es natural que no pasara mucho tiempo antes de que yo estuviera leyendo cosas bastante por encima de mi nivel de comprensión, como ser teología y filosofía, pero lo que mas me atrajo eran los artículos relacionado con ciencia y tecnología, en especial la astronomía, el cielo nocturno me ha fascinado siempre.  Como dije antes, acepté a Cristo con 12 años, algún tiempo después de que mis padres lo hicieran, y me bauticé junto con ellos a finales de ese año, uniéndome a la escasa congregación de la entonces Iglesia Bautista Calvario de Melo. Poco tiempo después incluso ese pequeño grupo se disolvió y quedamos solo nosotros, reuniéndonos en el living de mi casa, usando en la adoración un cassete con alabanzas que nos grabara la esposa del misionero que nos guió a Cristo. No puedo evitar sonreír al pensar en aquellos tiempos, muy duros (por lo solos que estábamos), pero muy dulces en mi memoria.

Algún tiempo después nos entregaron el templo. Una familia lo estaba ocupando desde hacia tiempo (razón por la cual desde el principio de nuestra vida cristiana nos reuníamos indefectiblemente en un living) y un día, con poca o ninguna ceremonia, apareció este señor en casa que le entregó a mi padre las llaves del templo, nos bendijo… y nunca más lo vimos (yo al menos nunca lo ví, estaba en el liceo en ese momento). Ese templo marcó el comienzo de muchisimas horas de trabajo, y de rios de sangre, sudor y lagrimas (los cuales, por cierto, distan mucho de secarse cualquier día de estos).

…(a continuar en parte 2)

Publicado originalmente el 09 agosto del 2007 en mi Windows Live Space

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