“… Cuando pasen recibo mis primaveras, y la suerte este echada a descansar…”
(Sea, Jorge Drexler)

La vida suele darnos con palos y piedras, y nadie sabe cuando le va a llegar el turno de llorar…

Cuando andamos bien, cuando los caminos son rectos y los cielos despejados…

Solemos pensar que fuimos nosotros quienes enderzamos el camino, quienes alejamos las nubes negras…

Y nos sentimos con autoridad para explicarle al otro como enderezar sus caminos…

¿Que importa si el otro anda torcido? cuando hay dolor hasta los mejores consejos caen pesados…

Cuando hay dolor no valen de nada las palabras, solo el consuelo…

Cuando haya pasado la tormenta habrá tiempo para las palabras y el consejo…

EL tiempo hará sus descargos y entenderemos qué dijimos mal, cuando y a quien…

Analizaremos la piedra con que tropezamos y aprenderemos a caminar con más cuidado…

Limpiaremos nuestras heridas y conoceremos de qué estamos hechos…

Aunque quizás nunca sepamos por qué tropezamos o por qué fuimos heridos…

Quizás no haya que preguntarse el por qué…

Al fin de cuentas lo importante no es de donde salimos ni a donde llegaremos, lo que importa es el camino…

¿De que vale llegar si no hicimos nada más que caminar sin fijarnos en lo que nos rodeaba,  sin dejar más marca que  huellas que se van borrando?

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